‘One of Us’ se constituye como federación europea en defensa de la vida y la dignidad humana

Ciudadanos de 28 países de la Unión Europea, integrantes de 25 organizaciones defensoras de la vida y la dignidad humana, han constituido la Federación para desarrollar una cultura de la vida en Europa

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Ciudadanos de 28 países de la Unión Europea, integrantes de 25 organizaciones defensoras de la vida y la dignidad humana, han constituido la Federación Europea en Defensa de la Vida y la Dignidad Humana “One of Us”.

Entre las instituciones que suman los esfuerzos de la recién nacida Federación, figuran la española Derecho a Vivir y la plataforma CitizenGO. Según indicaron estos en un comunicado publicado en su sitio web el 6 de septiembre, este es un “paso adelante” que se ha logrado realizar “gracias al  camino que han recorrido juntos ciudadanos de los 28 países de la Unión Europea que han llevado a cabo la iniciativa popular europea más exitosa de todas las presentadas ante este organismo y que duplicó el número de firmas exigidas por la Comisión Europea”.
 
Esa iniciativa legislativa popular, titulada también “One of Us”, recordaron, “que ahora ha tomado la recién formada Federación, pedía el respeto a la vida humana en todos los ámbitos en los que la Unión Europea tiene competencias y que no se emplearan fondos públicos para actividades que la destruyeran o atacaran su dignidad”.
 
“El titánico esfuerzo no sirvió sólo para sacar adelante el laborioso proceso, sino que ha sido el punto de partida para una Federación que quiere asumir los urgentes retos que Europa tiene en el ámbito de la defensa de la vida humana y su dignidad”.
 
La Federación es apolítica y no confesional, precisaron, al tiempo que señalaron que sus objetivos, sin fines de lucro, incluyen “el reconocimiento incondicional de la dignidad inherente e inalienable de todo ser humano como fuente de todas las libertades y derechos humanos”.
 
Su segundo objetivo, apuntaron, es el de buscar “el desarrollo de una Cultura de la Vida en Europa, a través de la promoción de y el apoyo a actividades que impliquen la protección de la vida humana, particularmente en sus estadios más vulnerables de desarrollo (concepción y gestación, infancia, maternidad, enfermedad, ancianidad y final de la vida)”.
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Ayudar a la madre, salvar al hijo

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ACEPRENSA

RedMadre es una entidad española dedicada a fomentar una red de apoyo a la maternidad (cfr. Aceprensa,12/03/2014), tanto antes como después del nacimiento del hijo. Por eso conocen de primera mano las necesidades de tantas mujeres que se plantean acudir al aborto cuando se les cierran el resto de puertas. Con el aval que da esta experiencia, RedMadre ha pedido reiteradamente a los sucesivos gobiernos que planteen una ley con medidas concretas para ayudar a las futuras madres.

La memoria de actividades (correspondiente al año 2013) presentada hace unos días constituye otro argumento para reclamar dicha ley. En las últimas páginas se recogen los datos correspondientes al número de mujeres atendidas, el tipo de prestación solicitada y el desenlace de los casos en los que existía riesgo de aborto.

En casi la mitad de los 8.020 casos atendidos se trataba de mujeres embarazadas. De las que estaban en riesgo de abortar, el 89% decidieron continuar con el embarazo y tener el hijo después de recibir la ayuda y el asesoramiento de RedMadre. Además, 3.200 madres han recibido ayuda de esta entidad –entrega de alimentos y enseres, alojamiento en hogares de acogida, asesoramiento de distinto tipo– después de haber dado a luz.

La memoria también recoge algunos datos interesantes sobre la fisonomía de las mujeres que han acudido a RedMadre. Cada vez más, el perfil preponderante es el de una mujer española, de 21 a 30 años, con pareja estable e incluso con otro hijo, aunque en el 60% de los casos atendidos la mujer decía no contar con el apoyo de la pareja para continuar con el embarazo. Un dato revelador es el de que el 90% de las que acudieron a esta entidad se encontraba desempleada.

Todos estos factores indican que la falta de recursos económicos –agravada por unas perspectivas laborales poco promisorias– y la ausencia de apoyo por parte de la pareja llevan a abortar a muchas mujeres que querrían tener el hijo. De ahí la necesidad de que se aprueben medidas concretas de apoyo a la maternidad; y de que entidades como RedMadre sigan apoyando a las mujeres en apuros, que muchas veces se enfrentan a determinadas concepciones machistas que cargan toda la responsabilidad de los hijos sobre los hombros de las madres.

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¿Por qué tiende a reducirse el aborto en Estados Unidos?

Las leyes de aborto como la notificación a los padres del embarazo, las restricciones médicas de financiación, y si se diseña adecuadamente el consentimiento informado ayudan a reducir la incidencia del aborto, afirman los expertos

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ForumLibertas.com

Durante la última década de la que se dispone de datos (2001-2011), la tasa global de abortos de Estados Unidos, calculado como el número anual de abortos por cada 1.000 mujeres en edad fértil (entre 15 a 44 años), se ha reducido, continuando una tendencia que apareció por primera vez en 1980. El descenso ha sido más pronunciado desde 1990, con una breve meseta en medio de ese período de 10 años. La tasa de abortos estadounidense en el año 2011 es la más baja desde 1973.

 

Según advierte el diario norteamericano The Daily Signal, las discusiones sobre las tendencias de aborto de Estados Unidos siempre deben estar acompañadas de algunas aclaraciones.

 

En este sentido cabe remarcar que los Estados Unidos tienen un sistema de información nacional de aborto incompleto y lo que se publica por agencias del gobierno está sujeta a una amplia variación con respecto a contenido y los plazos. El informe más completo, que confecciona el Instituto Guttmacher, no se emite cada año; es voluntario, al igual que los informes de vigilancia nacionales expedidos anualmente por los Centros para el Control de Enfermedades; y está sujeto a las omisiones que, según los autores reconocen, provocan necesariamente hacer estimaciones. Esto es debido ya que en varias jurisdicciones de Estados Unidos con leyes de aborto particularmente permisivas, como California, Maryland y Nueva Hampshire, se reúne poca o ninguna información oficial.

 

No obstante, la dirección general de la práctica de aborto de Estados Unidos es clara y a la baja. Una mirada más cercana a cada estado que tiene datos coherentes confirma esta tendencia. Entre 2001 y 2011, la tasa de aborto de Estados Unidos, con base en datos del Instituto Guttmacher, se redujo en un 19,1 por ciento desde 20,9 abortos por cada 1.000 mujeres de 15 a 44, a 16,9 por 1.000, la tasa más baja desde 1973, cuando fue de 16,3. En total, 33 estados tienen tasas de aborto por debajo de la media nacional; y 11 se posicionan de forma consistente por encima de la norma nacional, incluyendo California y Nueva York.

 

Abortos por 1.000 mujeres de 15 a 44

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Las explicaciones para la disminución del número de abortos a largo plazo en los Estados Unidos involucrarían varios factores. Michael New ha demostrado que las leyes de aborto como la notificación a los padres del embarazo, las restricciones médicas de financiación, y si se diseña adecuadamente el consentimiento informado, todo ello ayuda a reducir la incidencia del aborto. Al mismo tiempo, el Instituto Guttmacher señala un reciente aumento en el uso de formas de planificación de la familia de larga duración o fijos (por ejemplo, dispositivos intrauterinos y los inyectables que tienen tasas de fracaso más bajos que los métodos alternativos que están más sujetos a errores del usuario).

 

Otros datos relevantes son las seis de las 10 encuestas recientes de Gallup (entre mayo de 2009 y mayo de 2014) que examinan la cuestión. Las mismas han demostrado que una mayoría de los encuestados se identifican como pro-vida. Ese aumento puede ser a la vez causa y efecto de las decisiones de los padres que responden a los embarazos inesperados llevándolo a término. James Taranto de The Wall Street Journal ha descrito esto como el “Efecto Roe”, el cambio en las características de creencias de una población, donde las tasas de natalidad, aunque se han reducido en general, muestran una fuerte divergencia entre los padres que no contemplan el aborto como una opción y los padres de familia que consideran que es una respuesta aceptable.

 

No obstante, la tasa de aborto de Estados Unidos sigue ocupando una de las más altas entre los países de Occidente, ya que la sleyes son unas de las más permisivas del mundo.

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Marcha por la Vida en España el 21 de septiembre: 300.000 abortos bajo el gobierno actual del PP

La V Marcha por la Vida en España recordará al Gobierno que “a día de hoy sigue sin hacer nada” mientras ya han muerto 300.000 niños abortados en esta legislatura.

El próximo 21 de septiembre, Derecho a Vivir moviliza la V Marcha por la Vida bajo el lema ‘S.O.S España: 300 muertos al día’ y reclamará al Ejecutivo de Mariano Rajoy que abandone el inmovilismo y cumpla con su compromiso de mejorar la protección legal del derecho a la vida y la maternidad.

Mientras el Gobierno ha dejado pasar un consejo de Ministros más sin enviar a las Cortes la reforma legal que comprometió las pasadas elecciones para mejorar la protección del derecho a la vida y de la mujer embarazada, la plataforma Derecho a vivir sigue impulsando la V Marcha por la Vida, que cuenta con el respaldo cerca de 350 organizaciones civiles españolas y extranjeras.

Así, ya se ha aprobado tanto el lema, ‘S.O.S. España: 300 muertos al día. No más plazos sin cumplir. Derogación del aborto ya’, como el manifiesto que lo desarrolla.

En él, se recuerda que el Gobierno se comprometió a derogar la actual ley del aborto pero aún no ha llegado ni siquiera el proyecto de ley a las Cortes.

“A día de hoy, el Gobierno no ha cumplido su compromiso y mantiene vigente una ley que contempla el aborto como un derecho de la mujer y que permite la eliminación en serie de cientos de seres humanos enfermos”, se señala.

Como resultado, Derecho a Vivir subraya:

-que “durante estos años de Gobierno popular, se han provocado en España casi 300.000 abortos con un coste aproximado de 150 millones de euros”

-reclama al Ejecutivo liderado por Mariano Rajoy que cumpla con la promesa de derogar la ‘Ley Aído’,

-que elimine “en su totalidad” las opción del aborto eugenésico,

-que “acabe con el coladero del supuesto del riesgo para la salud psicológica de la mujer”

-y que promueva un plan de apoyo a la maternidad y un plan de adopción “ágil y eficaz”, entre otras medidas.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=37510

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Caso de niña con tres padres biológicos: Experto denuncia que convierten vida humana en “producto”

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(ACI/EWTN Noticias).- Alana Saarinen, actualmente de 13 años, es una de las pocas personas en el mundo que tiene el ADN de tres personas, tres “padres” diferentes, debido a un tratamiento de fertilidad realizado en Estados Unidos que actualmente está prohibido. Sin embargo, los parlamentarios de Reino Unido están considerando actualmente legalizarlo.

El proceso mediante el que la madre de Alana, Shanon, quedó embarazada se llama “transferencia citoplasmática”, en la que se inyecta un óvulo de una donante dentro del óvulo de la madre para mejorar la salud del óvulo. En el proceso, el ADN de la donante se filtró a través de mitocondrias transferidas y llegó hasta Alana.

Las mitocondrias son orgánulos celulares que son la fuente de energía de las células.

Sharon Saarinen confesó al diario británico The Independent que al tiempo del procedimiento “si había riesgos, no importaba. Yo quería un hijo tanto en ese momento”.

“Me sentía inútil. Me sentía culpable porque no podía darle un hijo a mi marido. Cuando quieres un hijo biológico pero no puedes tenerlo, estás desconsolada. No puedes dormir, está constantemente en tu mente”, señaló Sharon, según declaraciones recogidas por la BBC.

De acuerdo a los científicos involucrados, la técnica usada con Sharon Saarinen permitiría ayudar a mujeres con mitocondrias deficientes, para que este defecto, que puede resultar en diversas enfermedades, no sea transmitido a sus bebés.

Sin embargo, el director del Centro de Bioética, Persona y Familia de Argentina, Nicolás Laferriere, advirtió que “la pretensión de recurrir a la fecundación in vitro para modificar genéticamente las características de la descendencia conlleva necesariamente una indebida manipulación de la vida humana”.

En declaraciones a ACI Prensa el 2 de septiembre, Laferriere criticó que “pretender justificar la concepción de niños con tres padres con base en la intención de evitar transmitir una enfermedad, es manipular la vida del nuevo ser de forma que se convierte en el ‘producto’ de un hacer técnico”.

“Ello resulta contrario a la dignidad humana. Se abusa del poder biotecnológico y se lo aplica a la procreación humana, la que queda regida por una lógica de la producción en lugar de la lógica de gratuidad que exige la dignidad humana”.

El director del Centro de Bioética, Persona y Familia de Argentina señaló que “entre las cuestiones en juego se encuentra, además, el derecho a la identidad de los niños concebidos con esta técnica, que ven manipulados y disociados elementos importantes de su identidad”.

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Los abortistas reconvierten su propio lenguaje: «¡Dejad de considerarlo “una decisión difícil”!»

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Desde hace algún tiempo los abortistas dan por perdida una de sus batallas: la consideración del no nacido como “no humano”.

Sí, es un niño, y sí, vamos a matarlo“: así hay que transmitírselo a la madre, según la trabajadora de un abortorio, precisamente para que la negación de la evidencia no acabe volviéndose a favor de la vida.

En realidad nadie ha dudado nunca que desde el momento de la concepción existe una criatura nueva y distinta de la mujer que lo acoge en su seno. Pero antes de internet era posible para el poderoso lobby abortista impedir que periódicos y televisiones difundiesen como prueba imágenes de los fetos torturados y destrozados. Internet y la lucha persistente de las instituciones y organizaciones provida acabaron con esa imposición ideológica y acientífica. Los partidarios de que sea la mujer quien “decida” se encontraron con la dificultad de justificar que alguien pueda “decidir” matar a alguien (además indefenso, y que es además su hijo) y presentarlo además como un derecho humano.

Nada de “decisión difícil”
Tal es esa dificultad, que está en marcha una clara campaña tendente a obviar ese paso mediante el sencillo expediente de aceptar esa humanidad y personalidad del feto, y al mismo tiempo quitar toda relevancia moral a su eliminación. Dejad de llamar al aborto “una decisión difícil”, pedía el 15 de agosto la feminista Janet Harris desde las páginas del Washington Post. Pero no se lo pedía a los partidarios de la vida, sino a sus propios compañeros de fatigas de la cultura de la muerte, desde Planned Parenthood (el emporio industrial del aborto) a Hillary Clinton.

“Cuando la comunidad pro-choice [pro-elección] califica el aborto como una decisión difícil, implica que las mujeres necesitan ayuda para decidir, lo que abre la puerta a las leyes paternalistas de consentimiento informado y estigmatiza el aborto y a las mujeres que lo necesitan“, afirma. Y añade con frialdad: “Con frencuencia el aborto no es una decisión difícil. En mi caso, sin duda no lo fue”.

Explica que se quedó embarazada de su novio a los 18 años, a mediados de los años ochenta, y lo tuvo claro: “Un embarazo no deseado habría descarrilado mi futuro, complicándome acabar el instituto y tener la vida independente y productiva que deseaba“.

Nada “difícil”, pues. Janet Harris entiende que los provida utilicen ese adjetivo porque suaviza la consideración sobre la mujer que ha cometido un “asesinato”. Pero critica que lo utilicen los partidarios del aborto: “Es un reconocimiento tácido de que terminar un embarazo es un asunto moral que requiere un debate ético. Decir que decidir abortar es ´una decisión difícil´ implica un debate sobre si el feto debería vivir, y por lo tanto le otorga un estatus de ser. Pone el foco sobre el feto, más que sobre la madre”. La cuestión es más sencilla, remata: “Para muchas es una simple elección, y a menudo la única solución práctica”.

Vida humana y “entidad no autónoma”
Ésa es la razón de que se haya introducido en los últimos años con el impulso de la ONU la idea de los “derechos reproductivos de la mujer” y de que, como señala Wesley J. Smith en la revista de pensamiento conservadora y provida First Things, la estrategia legal de las entidades abortistas se centre en ellos y en su garantía por los estados, dado que cualquier medida de protección del no nacido, por mínima que sea si es eficaz, acaba cerrando abortorios por falta de rentabilidad, como está sucediendo en Estados Unidos.

De ahí que otra abortista, Mary Elizabeth Williams, columnista de cabecera en el portal informativo Salon.com, pudiese afirmar con tranquilidad, en un artículo titulado ¿Y qué si el aborto acaba con una vida? publicado a principios de 2013: “Creo que la vida empieza con la concepción. Y eso nunca me ha impedido ser pro-choice“.

Williams empieza explicando lo difícil que esa para los abortistas (“pro-elección”) situarse frente a los provida, pues a nadie le gusta figurar en el bando de los enemigos de la vida. Pero es que (afirma tras situar el debate de nuevo en términos de los derechos reproductivos), “he aquí la complicada realidad en la que vivimos: que no todas las vidas son iguales… Un feto puede ser una vida humana sin tener por ello los mismos derechos que la vida de la mujer en cuyo cuerpo reside. Ella es la que manda. Su vida [de ella] y lo que sea correcto para sus circunstancias y para su salud priman automáticamente sobre los derechos de la entidad no autónoma que hay dentro de ellas”.

Es más. Critica la contradicción de las mujeres que se refieren a los “amasijos de células” que abortan, pero luego hablan de los “hijos” que tienen. Como el más granado antiabortista, Williams argumenta que “un feto no puede catalogarse como vida humana sólo si está destinado a nacer… ¿Acaso sólo eres humano cuando naces? ¿O sólo cuando eres viable fuera del útero?”.

Pero, naturalmente, su visión es distinta a un provida: hay que aceptar el aborto a ciencia y conciencia de que se elimina a un ser humano: “Y que eso deje de amargar a quienes defendemos una libertad reproductiva sin límites“.

Publicado en Religión en Libertad

Querer un hijo no justifica fecundación artificial, subraya experta en bioética.

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(ACI/EWTN Noticias).- “El deseo de un hijo puede ser muy fuerte pero el riesgo es muy alto”, subrayó la doctora en medicina y experta en bioética, María Luisa Di Pietro, quien además es miembro del Comité Nacional de Bioética en Italia.

Invitada por la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo para el curso de Maestría de Bioética y Biojurídica, Di Pietro llegó a Perú y concedió una entrevista a ACI Prensa en la que destacó que los riesgos de la fecundación artificial no son solo “para el niño sino también para todos aquellos embriones que no han nacido y para la mujer” que se somete a estos procedimientos.

Frente a este y otros temas relacionados, subraya Di Pietro “es un deber del médico actuar de manera ética y sobretodo deontológicamente correcta, es una tarea muy importante informar” bien a las personas.

“En el campo de la fertilización artificial es muy difícil que un doctor le diga a la pareja qué no se debe hacer porque es de riesgo, por tanto es una tarea de nosotros y es un deber del matrimonio informase antes de ir”, advirtió la experta.

Al enfatizar en los riesgos de estas técnicas dijo que en estos tratamientos existe la “híper estimulación de la ovulación para la mujer o no se habla del riesgo para el niño como la de una mayor cantidad de malformaciones. Además no se conoce el verdadero desarrollo del niño”.

Hablando sobre la esterilidad, Di Pietro dijo que una de sus causas puede ser la anticoncepción “sobre todo cuando se inicia en una edad muy joven, porque las hormonas en la píldora anticonceptiva pueden bloquear toda la actividad hormonal de la mujer y cuando se termina la píldora anticonceptiva no inicia de nuevo la actividad normal hormonal”.

Además señaló los problemas con “las drogas y el alcohol, el café, los estilos de vida, el stress o la búsqueda de una figura perfecta que puede portar a la mujer a un peso muy bajo y así no es posible obtener un embarazo”.

Mencionó que actualmente hay un gran porcentaje infertilidad masculina, y que otro factor de esterilidad es “el uso del teléfono celular al ponerlo en el bolsillo de los pantalones, porque hay un aumento de calor y esto puede ser un peligro para el hombre”.

Di Pietro, quien también es del Comité de Ética del Hospital “Bambino Gesu” en Roma, dijo que existen varias reflexiones de la bioética y que “la diferencia es el punto de vista, así podemos tener una bioética que está centrada en la personas, otra en la libertad, otra en la utilidad, por eso es posible que en el debate de bioética estén presentes algunas personas que están de acuerdo con el aborto” y temas como la fecundación y la eutanasia”.

La también catedrática de la Universidad Católica del Sacro Cuore en Roma subrayó que las personas creen que el aborto y la fertilización artificial “son problemas solo de fe, pero no es verdad. Ahora es posible entender la realidad de esto a la luz de la razón y es posible entender cuáles son los riesgos en el plano físico, social y psicológico”.

“Por ejemplo, hoy el peor riesgo del aborto es la muerte del embrión, pero actualmente existe mucho el particular síndrome post aborto de la mujer, y se habla poco de esto, no se habla de los riesgos para la mujer después del aborto”, alertó.

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La Iglesia y el aborto en la historia: 2.000 años diciendo que es homicidio

Desmontamos el bulo que dice que la Iglesia no siempre condenó el aborto como homicidio

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Pablo J. Ginés

Desde los años 70, grupos y medios de comunicación favorables al aborto repiten que Santo Tomás de Aquino aceptaba los abortos precoces y que hasta 1869 la Iglesia no prohibió el aborto en firme. En América Latina y en España este es un mantra que repite, por ejemplo, la asociación abortista “Católicas por el Derecho a Decidir”, un lobby que no tiene nada de católico y que está financiado por la IPPF y otras empresas del aborto para ayudar a la legalización del aborto en países católicos. Algunas asociaciones de cierto feminismo y de ideología de género repiten el bulo.  

La realidad es otra. Es falso que la Iglesia o Santo Tomás aceptasen el aborto temprano o que hasta 1869 la Iglesia no prohibiese el aborto en firme.
 
La Iglesia Católica siempre ha enseñado que el aborto es un homicidio, incluso en los primeros siglos, cuando era práctica habitual y legal en Roma y Grecia. El castigo canónico y la penitencia ante este homicidio ha cambiado según casos y circunstancias, pero la enseñanza básica siempre ha sido la misma: abortar es matar un ser humano inocente, y eso es un pecado gravísimo, un homicidio.
 
Testimonios del siglo II y III
 
La Didajé, una catequesis de los primeros cristianos, de principios del siglo II, dice: “No procurarás el aborto ni destruirás al recién nacido“.
 

El Apocalipsis de Pedro, un texto del 137 d.C, presenta en el infierno una sección dedicada a mujeres que abortaron, a las que sus bebés se aparecen. Aunque no es un texto canónico, muestra bien lo que pensaban los primeros cristianos sobre la maldad del aborto. Además, recoge una verdad psicológica, el síndrome post-aborto: muchas mujeres que han abortado hoy cuentan que ven, recuerdan, sueñan con sus bebés muertos, lo que les hace sufrir un infierno.
 
La Epístola de Bernabé (XIX, 5), también del siglo II, no permite “matar al niño procurando el aborto, ni tampoco destruirlo después de nacer”.
Tertuliano, en su “Apologeticum” del año 197, contra el rumor pagano de que los cristianos son homicidas, explica que ni siquiera permiten matar al no nacido: “porque incluso no nos es lícito destruir al niño en el vientre, mientras aún toma la sangre de la madre para formarse el ser humano. Impedir su nacimiento sólo es un asesinato más rápido. No hay diferencia si quitas la vida una vez nacido o la destruyes mientras nace. Es un hombre, que tiene que ser hombre.” 
Tertuliano, en su “Tratado del alma“, incluso describe las herramientas de los doctores abortistas, explica que “ellos bien saben que se ha concebido un ser vivo” y afirma que la vida humana (y la llegada del alma, capítulo 37) se producen con la concepción.
Atenágoras de Atenas, escribe en 177 d.C al emperador filósofo (y muy anticristiano) Marco Aurelio: “decimos [los cristianos] que esas mujeres que usan drogas para provocar un aborto cometen asesinato, y tendrán que rendir cuentas ante Dios por el aborto”.
 
Minucio Félix (200-225 d.C) señala que son los paganos los que matan a sus hijos, inspirados por el dios Saturno, símbolo de maldad y crueldad, que devoró a sus hijos, y que “sus mujeres, mediante el uso de fármacos, destruyen la vida no nacida en su vientre y asesinan al niño antes de sacarlo”.
 
Concilios y penitencias por abortar, equivalente al homicidio premeditado
 
¿Qué pena imponía la Iglesia a las bautizadas que abortaban? Las más antiguas que conocemos son muy duras: equivalentes a cualquier asesinato premeditado. En Hispania, el Concilio de Elvira del año 305 decreta que a la adúltera que mate “al fruto de su vientre” no se le dé la comunión, ni aun en la hora de la muerte, por haber incurrido en una doble maldad”.
 
Once años después, en el 314, con el cristianismo ya legalizado en el Imperio, el Concilio de Ancira, en la actual Turquía, explica que “a las mujeres que han fornicado y destruido lo que concibieron, o a las que hacen drogas para abortar, un decreto anterior les excluía de la comunión hasta la hora de su muerte, pero deseando ser más clementes, ordenamos que cumplan 10 años de penitencia“. Es decir, queda clara la gravedad, que no es solo por la infidelidad, sino por abortar, equivalente al homicidio, pero se rebaja la pena sólo “deseando ser más clementes”.
 
San Basilio el Grande (c.329-379), en sus cartas, es más explícito: “que la que procure abortos practique 10 años de penitencia, esté el embrión perfectamente formado o no“. Así rompe con todo debate que intenta distinguir entre abortos más graves y menos graves según el tamaño del feto.
 
Agustín, Jerónimo, Hipólito, Lactancio… el testimonio de los cristianos antiguos es unánime: el aborto no sólo es malo por ocultar el adulterio o por poner en riesgo la vida de la madre (algo que muchos autores comentan) sino que es un homicidio, mata a un ser humano.
 
No basta con tu cura: la absolución la da el obispo… ¡o el Papa! 
 
Aunque la gravedad está clara, en distintas épocas se han aplicado distintas penas canónicas. Por ejemplo, en 1588 el Papa Sixto V proclamó que sólo la Santa Sede podía absolver del pecado de aborto, esperando señalar así su enorme gravedad. Pero tres años después, su sucesor, Gregorio XIV, viendo que la medida no era pastoralmente eficaz, devolvió a los obispos la jurisdicción para absolver este pecado.
 
Aún hoy, quien ha abortado, no puede recibir la absolución en su parroquia de barrio, sino sólo de su obispo o alguien delegado por él. A veces, durante la Cuaresma o en jubileos especiales, algunos obispos, sobre todo en América Latina, otorgan temporalmente a todos sus sacerdotes la capacidad de ofrecer este perdón, como una medida especial dirigida a las mujeres arrepentidas (o al personal médico implicado que deje esta actividad).
 
Pío IX, en una decisión que suelen manipular los abortistas, lo único que hizo en 1869 fue eliminar la diferencia de penas entre abortar fetos “animados” y los “inanimados”, un concepto que no tenía que ver con el alma sino con los movimientos fetales. Pío IX, como San Basilio en el s.IV, quería dejar claro que todos los seres humanos merecen protección, en cualquier etapa de su desarrollo prenatal.
 
Con la ciencia del siglo XX
 
A medida que avanzaba la ciencia y la técnica médica, la Iglesia vio más y más confirmada su enseñanza de dos mil años. Pío XI, en su encíclica Casti Connubii, de 1930, declaraba que “la realización directa de un aborto nunca está justificada por ninguna indicación [médica] ni ninguna ley humana“. Pedía a los gobiernos, que defendieran a estas vidas inocentes. 
 
Pío XII insistió en pedir a los médicos y legisladores que defendieran a madres e hijos, nacidos o no, y relacionaba el aborto con las prácticas nazis de su época. 
 
Pablo VI, con su encíclica Humanae Vitae de 1968 recordaba la ilicitud de cualquier aborto. Y el Concilio Vaticano II exigía “proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción” y afirmaba: “el aborto y el infanticidio son crímenes abominables“, un lenguaje realmente claro que, como en la antigüedad, ponía en la misma frase al aborto y al infanticidio: dos variantes técnicas del mismo homicidio contra niños, antes o después del parto.
 
Respecto al voto del católico, uno de los primeros documentos es el de la Congregación de la Doctrina de la Fe de 1974: “un cristiano no puede conformarse a una ley que en sí es inmoral y tal es el caso de una ley que admita la licitud del aborto. Tampoco puede un cristiano participar en una campaña de propaganda de una ley así, ni votar por ella. Más aún, no puede colaborar en su aplicación”. 
 
El truco de que “no es dogma”
 
Los grupos abortistas financiados por la industria del aborto suelen decir que “la oposición al aborto no es dogma”, de lo que deducen, que un católico puede ser abortista. Tampoco es dogma el “no matarás”, y según ello deberíamos deducir que el asesinato no tiene nada de anticatólico, lo cual, evidentemente, no es cierto.
 
Los Papas nunca han hecho una formulación “dogmática”, “infalible”, “desde la cátedra” contra el aborto (ni contra muchos otros pecados gravísimos, incluyendo todos los otros tipos de homicidio), como han hecho con el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen, por ejemplo. Por un lado, la Iglesia lo hace así para que no parezca que todas las otras enseñanzas que no se han formulado como dogma son opcionales, cuando no lo son.
 
Por otro lado, la oposición al aborto ya es una enseñanza infalible de la Iglesia que Cristo fundó, no porque lo diga tal o cual Papa, sino porque es una enseñanza “semper, ubique, obomnibus“, es decir, “de siempre, de todas partes y de todos”lo que se llama Magisterio ordinario, siempre transmitido y enseñado por la Iglesia.
 
“Desde la concepción”
 
En 1988, la Pontificia Comisión para los Textos Canónicos repasó el concepto de aborto que estaba mal descrito en el Código Canónico como “expulsión del feto inmaduro”. Los abortistas se agarraban a esta frase para intentar inducir a confusión. La Comisión aclaró lo que todo el mundo, católico o no, en cualquier idioma, entendía que es el aborto: ahora, oficialmente queda definido como “matar al feto de cualquier forma y en cualquier momento desde la concepción“.
 
Especificando “desde la concepción” se incluye a la mórula, blastocisto, embrión, el ser humano en cualquier fase prenatal. Así incluye las píldoras anticonceptivas (que causan abortos precoces en muchos casos), la del “día después” (por lo mismo), la RU-486 (directa y específicamente abortiva), los abortivos inyectables y los DIUs (que también tienen efectos abortivos tempranos).
 
La excomunión es automática para quien libremente aborta
 
El grupo abortista nacido en Estados Unidos llamado “Católicas por el Derecho a Decidir” (que no es católico en ningún sentido y al cual han condenado varias veces los obispos de distintos países) reparte un folleto en países católicos que dice: “Si examinas tu conciencia y decides que abortar es moral en tu caso, no cometes pecado. Así, no estás excomulgada. No necesitas ni decirlo en confesión”. 
 
Por supuesto, lo que dice este folleto es falso.

La pena católica por el aborto es la excomunión. Explicaba el padre Santiago Martín, asesor del Pontificio Consejo para la Familia, que “es una pena severa para expresar la gravedad del problema, llamar la atención sobre los millones de niños abortados y evitar que, por acumulación, se convierta en algo aceptable”.
 
El Código de Derecho Canónico, en su número 1398, afirma: “quien procura el aborto, si se consuma, incurre en excomunión latae sententiae” (automática, sin necesidad de sentencia). 
 
La asociación católica Vida Humana Internacional (www.vidahumana.org), presidida por el padre Thomas Euteneuer, explica que la expresión “procura” es muy amplia: incluye a todo el que trabaje para matar al feto de cualquier forma, incluyendo el novio que lleva en coche a la mujer a la clínica, el que paga el aborto, el anestesista, la enfermera, el doctor que la remite…
 
Ponen un ejemplo: Mary Ann Sorrentino, administradora de una clínica abortista de la cadena Planned Parenthood en Rhode Island, Estados Unidos, fue excomulgada públicamente por su obispo por facilitar abortos, aunque ella no los practicara en persona.
 
Pero en realidad, no es el obispo quien excomulga: canónicamente, es la persona quien automáticamente queda excomulgada en cuanto muere el feto. Para que se produzca la excomunión, la madre (o el colaborador) ha de ser católica, saber que está embarazada y libremente elegir el aborto.
 
Cuando en marzo de 2009, en Brasil, el obispo de Recife, José Cardoso, anunció la excomunión sobre los implicados en el aborto de los gemelitos de una niña de 9 años, no afectaba ni a la niña (que quería tener el bebé), ni a los padres de la niña, casi analfabetos, que fueron llevados con engaños por activistas de un grupo abortista a una clínica de abortos. Pese a ello, abundaron los titulares tan escandalizados como equivocados: “excomulgan a una niña de 9 años por abortar”. La niña y sus padres, engañados por los abortistas, no están excomulgados. Los abortistas que los engañaron y los doctores que abortaron a los gemelitos, sí lo están.
 
Según un estudio de 2006 de la fundación catalana pro-aborto “Salud y Familia”, el 22% de las mujeres que abortaban en Cataluña decían hacerlo “sintiéndose confusas”. Probablemente, al no saber plenamente lo que hacían, tampoco ellas estaban excomulgadas.
 
Tampoco quedan excomulgadas la mayoría de las mujeres que usan píldoras anticonceptivas o DIUs pensando que son sólo anticonceptivos, porque ignoran el efecto abortivo que tienen. (Aunque no están excomulgadas, la anticoncepción sigue siendo pecado y sin confesarla -con cualquier sacerdote- y abandonarla no pueden comulgar).
 
¡Cuando el médico no sabe lo que está haciendo!
 
Parece increíble, pero se pueden dar casos (pocos) de médicos o personal sanitario que no sabe lo que está haciendo. En España, los médicos abortistas son los mismos desde hace 30 años, una casta especializada: nadie quiere hacer abortos porque los médicos españoles saben en qué consiste, les da asco, y se lo dejan a los de siempre y a emigrantes llegados de Cuba, país comunista y abortista “de repetición”.
 
Pero en India, donde el aborto es sistemático y apoyado por el gobierno, un ginecólogo puede ser católico y practicar abortos (sobre todo tempranos) sin que nunca se haya planteado que lo que hace es matar un ser humano.
 
En la revista católica Goodnews de enero/febrero de 2008, el doctor Rohan D’Souza, de Bombay, explicaba que quedó sorprendido cuando, confesándose en Inglaterra, el cura le dijo que practicar abortos era un pecado que solo el obispo puede perdonar. “Para ser honesto, nunca había pensado sobre el tema. Al estudiar ginecología, en India, hacer abortos es parte del entrenamiento y nunca lo cuestioné. De hecho, yo estaba orgulloso de mi habilidad, había ganado una medalla de oro en planificación familiar y técnicas de aborto”. Aunque D’Souza no parecía consciente de lo que había estado haciendo, acudió al obispo para que le levantara la excomunión.
 
La excomunión sólo tiene mala prensa cuando es católica y por aborto 
 
Vida Humana Internacional protesta por la “mala prensa” que tienen las excomuniones sólo cuando cumplen dos condiciones: ser católicas y tratar del aborto. Si alguien es excomulgado por un dogma teológico, o un escándalo moral, o se le expulsa del judaísmo, el anglicanismo o el presbiterianismo, a nadie le importa. Parece que el mundo intuya que detrás de la excomunión hay una tragedia espiritual real. O que a la prensa lo que le gusta es criticar a la Iglesia católica. O ambas cosas.
 
El New York Times se enfureció mucho cuando el obispo Leo Maher de San Diego excomulgó en 1990 a la diputada estatal Lucy Killea por fomentar el aborto. El diario acusó al obispo de “amenazar el pacto de tolerancia de los americanos”, gravísima acusación que, como se sabía, no afectó en nada a los americanos.  
 
En cambio, a nadie le molestó cuando en 1962 el arzobispo Rummel, de Nueva Orleans, excomulgó al líder racista blanco Leander Perez. El New York Times declaró: “saludamos al arzobispo, ha dado un ejemplo fundado en principios religiosos y responsabilidad con la conciencia social de nuestro tiempo”. 
 
Tampoco suele haber reacciones cuando quien excomulga es otra religión. Así, el 27 de junio de 1990 la corte suprema de derecho judío en Estados Unidos (la Beth Din Zedek) excomulgaba al congresista Barney Frank, judío militantemente homosexual, por “promover y animar la corrupción de nuestra sociedad, promotor de depravación moral”. El lenguaje era mucho más fuerte que el del obispo Maher ese mismo año, y el excomulgado era un político más importante, pero el New York Times y la Prensa generalista no lo publicaron o pasaron por encima.
 
Políticos: no se les excomulga, pero se les retira la comunión por “pecado público”
 
El caso de los políticos es especial y complejo. Un documento del cardenal Ratzinger de 2002, como Prefecto de la Doctrina de la Fe, insistía en que los legisladores, como todos los católicos, «tienen la precisa obligación de oponerse a toda ley que atente contra la vida humana», y especificaba más: «no pueden participar en campañas de opinión a favor de semejantes leyes, y a ninguno de ellos les está permitido apoyarlas con el propio voto». La única excepción sería que apoyasen una ley mala como única forma de evitar aún otra peor de inminente o casi segura aprobación (que no era el caso de España con la llamada “Ley Aído”). 
 
De hecho, los políticos que defiendían la ley española de 1985, al hacer “campaña de opinión” a favor de una ley “que atenta contra la vida humana”, incumplirían su deber de católicos, a menos que en sus declaraciones dejaran claro que también la ley de 1985 les parecía injusta y que solo la aceptaban provisionalmente en espera de sustituirla por una verdaderamente justa.
 
Más aún: en el 2004 el cardenal Ratzinger insistió en el tema con otro documento de la Congregación de la Doctrina de la Fe aún más claro. El texto decía que a «un político católico» cuya «cooperación formal se hace manifiesta», mediante «campaña consistente y voto por leyes permisivas de aborto y eutanasia» no se le puede dejar comulgar «hasta que acabe con su situación objetiva de pecado».
 
Resaltemos que no es lo mismo excomulgar que “negar la comunión”.
 
La excomunión impide acceder a TODOS los sacramentos: ni bautizos, ni confesión, ni extrema unción, ni matrimonio católico, etc… y sólo puede levantarla un obispo.
 
“Negar la comunión” se da cuando un personaje en situación pública de pecado pretende comulgar en misa. El sacerdote puede negarle la comunión y un obispo puede pedir a sus sacerdotes que se la nieguen. Con la nota del 2004, varios obispos en EEUU empezaron a negar la comunión a políticos públicamente favorables al aborto, aunque no explícitamente excomulgados.
 
El Catecismo, al alcance de todos
 
El punto 22,74 del Catecismo de la Iglesia Católica, un libro que no tiene nada de inaccesible, declara que “Desde el momento de la concepción es necesario tratar al embrión como una persona [no dice que sea una persona, dice que hay que tratarla como tal], por eso es necesario defenderlo íntegramente, tener cuidado de él, y cuidarlo tanto como sea posible, como se hace con cualquier ser humano”. 
 
El punto 22,73 establece: “para la protección que es necesaria asegurar al infante desde el momento de su concepción, la ley habrá de prever sanciones penales adecuadas contra la violación derivada de estos derechos”. 

Por lo tanto, la postura católica es de tratar al embrión como a una persona desde su concepción (contra los que justifican la clonación, el uso de embriones para investigar y los abortos precoces pre-implantacionales, los primeros 14 días de vida) y de buscar “sanciones penales adecuadas” para los que procuran abortos.

 
“Sanción penal” no necesariamente es cárcel
 
Estas “sanciones penales” pueden ser variadas y no necesariamente han de implicar cárcel para la madre que aborta, pero la sanción debe existir según la doctrina católica.
 
Por poner dos ejemplos: las leyes de 2009 sobre el aborto en los Estados de Chiapas (3,5 millones de habitantes) y Veracruz (7,2 millones de habitantes) protegían la vida desde la concepción contra el aborto, y penalizaban a la mujer que abortara, pero no con cárcel sino con un tratamiento médico-psicológico (le llaman “atención médica integral”), que «será proporcionado por las instituciones de salud a fin de ayudarles a superar los efectos de la intervención y reafirmar los valores humanos de la maternidad» (así dice la ley de Chiapas).
Sí se mantiene en estos Estados la pena de cárcel contra quien practica el aborto y quien persuade o presiona a la mujer de practicárselo, ya sea el novio, los padres o cualquier otra persona. Veracruz también modificó el Código Penal y sustituyó la pena de cárcel para las que abortan por primera vez por un tratamiento educativo y sanitario (es pena, aunque no sea de privación de libertad). Para las reincidentes, cárcel, al igual que los médicos y personal que colaboren.
 
Las modalidades, pues, pueden cambiar, según la cultura y el contexto: lo que la Iglesia enseña, desde hace 2.000 años, es que el aborto y el infanticidio son homicidios, que el Estado debe impedir el homicidio, y que para proteger la vida son necesarias “sanciones penales adecuadas”. La vida de muchos está en peligro y debe protegerse.  
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La adopción es respeto a la vida y no la fecundación asistida ni el aborto. Hablan los protagonistas

Las últimas semanas de agosto dos escándalos científicos han confirmado que lo eugenésico hace parte de la fecundación asistida y que los errores en este campo traen dramáticas consecuencias. Ni aborto ni fecundación asistida. Adopción es la consigna. La muerte de seres humanos por aborto; la eliminación de otros en etapa embrionaria considerados material de desecho o ‘sobrante’ de la fecundación in vitro; los que fallecen por intento fallido de esa misma fecundación asistida… son realidades evitables y la adopción es la alternativa de vida.

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(Portaluz/InfoCatólica) Lo afirma no sólo la Iglesia y organizaciones pro vida; lo indican denuncias recientes de medios científicos y líderes políticos. También lo confirman mujeres como Brittany Rotz quien entregó su hija en adopción, la psicóloga chilena Marta Hermosilla quien optó por ser madre adoptiva o Jaime Pallares que es un hijo adoptado.

Tres protagonistas… la mujer en conflicto con su embarazo, los potenciales padres que desean adoptar y el ser humano que podría haber sido eliminado ya en etapa embrionaria y que –como Jaime lo expresará- agradece se le haya permitido vivir y ser adoptado, tal como lo vivió Moisés miles de años atrás…

Adoptar, opción por la vida y el amor

Mostrando cuál es la profunda unidad en el amor que enlaza a los actos de procreación y adopción, el Catecismo de la Iglesia Católica señala en su número 2378: «El hijo no es un derecho sino un don». El texto, que obliga a los católicos, apunta a que se procrea y se adopta para amar, efectivamente, al hijo; el cual no puede ser visto o vivido como propiedad…

Previo en la historia se encuentra el pasaje de los evangelios en que Jesús, a instantes de su muerte, establece una ‘adopción’ entre el apóstol Juan y su madre, la Santísima Virgen María. A uno y a la otra les confirma como hijo y como madre; en ese acto -al decir de teólogos y maestros de espiritualidad católicos- se confirma el vínculo de ‘adopción’ entre toda la humanidad -representada por Juan- y su propia madre (Jn. 19, 26-27).

Luego será el apóstol Pablo quien tomará el concepto de ‘adopción’ (Efesios 1,5; Gálatas 4,5) para señalar que el ser hijos de Dios es un ‘don’ que recibe todo ser humano a través de la redención dada en Cristo.

Esa conciencia del amar señalada en el Nuevo Testamento y recogida por el Magisterio de la iglesia fue la que movió a Teresa de Calcuta y miles más como ella, sacerdotes, religiosas, laicos, a promover la adopción como la alternativa al aborto, el abandono y la fecundación asistida…

Fecundación In Vitro… Holocausto silencioso

El año 1987, el entonces cardenal Ratzinger, se pronunció, en coherencia al evangelio, respecto de los derechos y dignidad que asisten al embrión humano, como la dignidad del acto procreativo y por tanto las implicancias que ello importa (ver documento).

El paso de los años mostraría que el anhelo por ser padres y el afán absolutista de la ciencia, han aplastado los derechos del ser humano en su estadio como embrión. Por ello, en el N° 75 de la Encíclica Caritas in Veritate el mismo papa Benedicto XVI sentenció: «La fecundación in vitro, la investigación con embriones, la posibilidad de la clonación y de la hibridación humana nacen y se promueven en la cultura actual del desencanto total, que cree haber desvelado cualquier misterio, puesto que se ha llegado ya a la raíz de la vida… A la plaga difusa, trágica, del aborto, podría añadirse en el futuro, aunque ya subrepticiamente in nuce, una sistemática planificación eugenésica de los nacimientos.»

Cuando a comienzos de 2013 el diario inglés Daily Mail publicó las declaraciones del ministro de salud de Gran Bretaña, Earl Howe, reconociendo que –en la última década- 1,7 millones de embriones humanos han sido destruidos en el proceso de fertilización asistida, expuso un auténtico holocausto de la humanidad. Se confirmaba así el peor de los escenarios advertido por la Iglesia.

Para satisfacer el sueño de tener un hijo, que fuere además ‘saludable’, las posibilidades que la fertilización asistida y técnicas asociadas hoy ofrecen, pueden ser sorprendentes. Claro, nadie le dice a la futura ‘madre’ que ‘producir’ así un ser humano puede involucrar la sentencia de muerte para muchos otros… Es lo que nuevamente quedó al descubierto en una denuncia realizada por Life News esta semana…

«Impactante informe revela que científicos crearon 17 bebés combinando en los embriones material genético de tres padres». La frase citada corresponde al titular de la noticia difundida esta semana por Steven Ertelt de Life News (USA).

La denuncia del periodista expone que esos 17 seres humanos fueron creados como embriones a partir del ‘material» aportado por dos mujeres y un hombre… «buscando -se decía- prevenir riesgos para su vida futura». El resultado es que cada uno de esos 17, hoy adolescentes, así producidos, lleva algo de material genético de tres personas diferentes. Se ha confirmado, según informa The Independent esta semana, pues «una clínica privada de fertilidad está hoy investigando la salud de estos 17 adolescentes».

Esta particular técnica que busca satisfacer el sueño de concebir un hijo… asegurando además que sea ‘saludable’, involucra consecuencias bioéticas, legales y un fondo eugenésico según afirma el médico inglés Peter Saunders… «No se trata de encontrar una cura. Se trata de evitar que las personas con MCD (enfermedad mitocondrial) sigan naciendo», afirma categórico.

Saunders agrega también que estas técnicas implican una «cosecha de óvulos que es riesgosa e invasiva para las mujeres donantes». Y nada asegura el éxito posterior de la fecundación, de la anidación del embrión «seleccionado» por sus cualidades biológicas.

«¿Cuántos estudiantes cargados de deudas o mujeres infértiles desesperadas serán explotadas?… ¿Cuántos miles de embriones humanos serán destruidos?», pregunta el profesional inglés.

Otro caso que cuestiona las técnicas de reproducción asistida ocurrió durante 2013 en Italia y fue dado a conocer a comienzos de agosto por el periódico La Stampa. Los hechos son que el embrión obtenido por fecundación in vitro de una madre, le fue implantado –«por error»- a otra y el de ésta a la primera. Las consecuencias han sido trágicas puesto que uno de los bebés murió por aborto espontáneo y hoy dos madres se disputan legalmente al bebé vivo. «Es el tipo de situación susceptible de ocurrir cuando tienes una vida humana realizándose y guardándose en el laboratorio», comentó al medio digital Aciprensa Brendan Foht editora de la revista de bioética La Nueva Atlántida.

Tres vidas y un encuentro

La psicóloga Marta Hermosilla saltó a la escena pública cuando en 1991 publicó junto a dos colegas el libro «El proceso de ser padres adoptivos». Valiosa obra de referencia para padres que deciden adoptar. Pocos conocían entonces que Marta era protagonista de aquello que el libro refiere. Recién el año 2013 lo hizo público en un video señalando… «Yo adopté hace 36 años mi primera hija… Es maravilloso tener un hijo, sobre todo cuando se le ha esperado con ansias, cuando no ha venido, cuando el no tenerlo ha sido una frustración de la cual hay que recuperarse…», señala esta profesional.

Para Marta el ser madre adoptiva es un auténtico don, tal cual lo cuenta en la revista Adopción y Familia: «La adopción es un maravilloso encuentro, en el cual las instituciones y las personas que en ellas trabajan, son meros instrumentos que lo facilitan, pero lo esencial es que los hijos vienen de Dios, sean adoptivos o biológicos, y si se tiene fe y esperanza, el hijo encontrará la manera… de llegar a sus padres.»

Brittany Rotz era otra chica adolescente americana que enfrentaba un embarazo no deseado. Pero descubriría feliz y orgullosa su capacidad de enfrentar las mentiras de un sistema pro aborto. «Ellos merecen vivir y sentir latir su corazón, las emociones del amar y ser amados. Desechar a un inocente, ese indefenso milagro de vida, es lo peor que uno puede hacer», sentencia rotunda esta activista cuya historia fue publicada en Portaluz hace algunos meses…

Junto a Michael, su novio y padre de la bebé, investigaron todas las posibilidades que existían antes de tomar una decisión definitiva sobre lo que debían hacer. «Sí, pensamos en abortar a nuestra hija -recuerda la joven- pero había en mi corazón un sentimiento que no puedo describir y me hizo decir «no» al aborto…». «Fui yo quien cometió el error, no mi hija. Tuve que asumir la responsabilidad de mis acciones, y abortar mi pequeño milagro no era precisamente tomar responsabilidad, sino que deshacerme de «eso», tomando el camino más fácil… Nosotros no íbamos a ser capaces de dar a nuestra hija la vida que se merecía. Tomamos entonces la decisión de ponerla en adopción», señala emocionada

Jaime Pallares Crespo desconoce el contexto en que fue gestado o las razones por las cuales lo entregaron en adopción. Él agradece en estas líneas a su madre biológica no haberlo abortado…. «No la juzgo por las circunstancias que debió pasar. No la conocí. Sin embargo, mi corazón siempre ha sentido que debió ser una mujer buena, que sintió amor por el ser que estaba creciendo en sus entrañas y que tuvo ilusión por su nacimiento».

Testigo privilegiado del don de la vida, Jaime comparte su testimonio para el portal Vida Humana y narra que en una etapa de la vida «supe que mi madre vivía en la provincia ecuatoriana de Loja y mi adopción se dio en la ciudad de Cuenca, en el mes de mayo de 1972, cuando apenas tenía quince días de nacido».

En ese momento, en la ciudad de Quito, Jaime y María Eugenia, sus padres adoptivos, llevaban cuatro años intentando concebir hijos. «Seguramente sintieron nervios y temores; sin embargo, mi papá no tuvo dudas… mis papis entendieron plenamente el significado de una decisión basada en el amor, ya que me lo han demostrado con el corazón, con las decisiones y con los hechos del día a día, a lo largo de toda una vida… Mis padres, en el tiempo justo, me dijeron la verdad de mi adopción. Desde que tuve uso de conciencia supe que fui adoptado, y supe también de la adopción de mi amada hermana Andrea… Mi vida es un testimonio de gratitud permanente a Dios por crearme y darme la posibilidad de cumplir una misión en esta vida, a mis progenitores por permitirme nacer y a mis padres adoptivos por acogerme y amarme».

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Una poesía clarividente

La escribió Miguel d’Ors y se recoge en su libro «Es cielo y es azul». Podemos añadir que lo que dice de la segunda mitad del siglo XX se puede aplicar perfectamente a nuestra primera mitad del XXI:

«La segunda mitad del siglo XX
llevó la compasión a un grado alejandrino.

Para ayudar al viejo de lentos sufrimientos,
nada tan tierno como asesinarlo.

Para que no haya niños de mirada famélica,
eliminar a los niños.

Durante la segunda mitad del siglo XX
el crimen fue la forma más sublime
de la filantropía.»

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