Cristiano Ronaldo nació porque el doctor se negó a hacer el aborto que pedía su madre

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Paulo Sousa Costa / La Razón

 
El jugador de fútbol portugués Cristiano Ronaldo tiene 29 años y un sueldo en 2014 de 21 millones de euros en el Real Madrid. Es el máximo goleador de la historia de la selección portuguesa, el portugués que más goles ha marcado en la Champions League, el madridista que menos partidos necesitó para alcanzar los cien goles de Liga, el primer futbolista en la historia de la Liga que consiguió marcarle a todos los equipos a los que se enfrentó en una temporada, y el único futbolista que ha conseguido marcar en seis visitas consecutivas al Camp Nou.

Todo eso -y mucho más- pudo haberse perdido si un médico hubiera cedido a los miedos y desesperanza de su madre y lo hubiera abortado a su petición. Su madre, Maria Dolores dos Santos Aveiro, lo ha contado en una biografía reciente. La Razón ha publicado este extracto.

***

Nerviosa y con miedo, María Dolores sabía que había llegado el día. Tenía que hablar con el médico y pedirle que pusiera fin a su embarazo. Era su cuarto embarazo, que tanto le preocupaba y que tantas dificultades iba a traer a su casa. Teniendo en cuenta la petición de la afligida madre, las palabras del médico no podrían haber sido más lacónicas.

De ninguna manera! Usted tiene sólo treinta años y ninguna razón física por la cual no pueda tener este bebé. ¡Ya verá como es la alegría de la casa!

Dolores se echó a llorar: no podía creer que no tuviera la connivencia del médico para llevar a cabo la interrupción. Pero peor aún fue el comentario sobre la alegría que traería el bebé cuando ella no sabía ni cómo iba a alimentarlo cuando naciese.

Regresó a su casa derrotada por el miedo a lo que el futuro le depararía. No estaba convencida de que aquel bebé debiera nacer. ¿Qué vida le esperaría?

El aborto casero que no funcionó
En conversación con una de las hijas de la madrastra, su vecina, que era consciente de las dificultades que Dolores y su familia vivían, le recomendó una receta casera para aquellos que quieren evitar que el embrión continúe su camino dentro del útero materno. La solución era muy simple, tal vez demasiado simple. Todo lo que la mujer embarazada tenía que hacer era hervir una cerveza negra, bebérsela y, una vez ingerido hasta el último sorbo del líquido caliente, correr hasta sentir que su cuerpo realizaba un gran esfuerzo. Pasadas un par de horas, la reacción sería espontánea, y lo que los médicos no querían que aconteciera sucedería a la velocidad de un parpadeo. El embrión saldría tranquilamente del vientre de aquella que nunca sería su madre.

Dolores, con su desesperación nacida del miedo, siguió las indicaciones. Pasadas dos horas… ¡Nada! Buscó en su bajo vientre desconfiada, a la espera de noticias, y no vio ninguna señal. Reinaba la paz en su cuerpo. El embrión parecía estar en un tranquilo y profundo sueño, sin querer salir antes de lo previsto.

Dios tiene una voluntad
Con la mano en su vientre, unas pocas horas después del intento de aborto, María Dolores tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre, a pesar de que en ese momento no era consciente de su importancia.

–Si la voluntad de Dios es que este niño nazca, que así sea.

Las creencias y el instinto materno de Dolores hablaron más alto. Seguiría el designio de Dios y dejaría que aquel embrión llegara a término.

La convicción que llevó a Dolores a aceptar al bebé que venía en camino era fuerte, tan fuerte como la realidad que la rodeaba.

Por más horas que trabajase, ella no conseguía darle a sus hijos lo que necesitaban. Todo lo que ella quería era que estudiaran, pero la verdad es que el camino que pisaban les llevaría, más tarde o más temprano, a abandonar la escuela e ir a trabajar para ayudar a mantener a la familia.
En una de las revisiones rutinarias, Dolores supo que tendría un varón, por lo que tendría dos parejas. El médico insistía en que el nuevo pequeño sería la alegría de la casa, pero Dolores sentía que el mundo se derrumbaba encima de ella.

Menos mal que podía contar con el cariño que sus hermanas tenían por ella y por sus hijos.

El vientre crecía, aportando certezas de que aquel bebé nacería. Nada lo impediría. Quería nacer y esperaba ser bien recibido.

El amor con el temor
Aunque su carnet de identidad le otorgaba tan sólo una treintena de años, la vida le había asignado a Dolores una condición de mujer más «vieja», con más experiencia que otras mujeres de la misma edad. Aquel sería su cuarto parto y estaba preparada, pero aún así, el nacimiento de un bebé siempre trae el dolor de los alumbramientos anteriores y nunca se sabe cómo terminará.

Dolores sabía que había llegado el momento que tanto temía y, que al mismo tiempo, tanto deseaba. A lo largo de los meses de embarazo, como era de esperar, había desarrollado un tierno amor por aquel pequeño que había usurpado su vientre.

Era la hora de abrazarle, de decirle que lo amaba, que lo quería igual que a sus hermanos y que lo perdonaba por venir fuera de tiempo, aunque venía a tiempo de ser muy querido por todos.

Los segundos se atropellaban en el reloj, con el bullicio propio de la ocasión. La respiración jadeante de Dolores daba claros indicios de que podía suceder en cualquier momento. Los dolores aumentaban con cada suspiro. Los nervios también. Las dudas insistieron en aparecer en el peor momento. ¿Nacería perfecto? ¿Nacería sano? ¿Nacería…?

Una vez más los terribles porqués, el inevitable sentimiento de culpa al revivir los fantasmas de una vida difícil y un futuro incierto, que con el nuevo miembro de la familia sólo empeorarían.

El bebé y la profecía
Con gritos y llanto, el bebé abandonó la cuna natural de la madre y se precipitó, gracias a las manos del médico, en sus brazos. Entre sangre y lágrimas, madre e hijo se reconocen por primera vez. Se confirmaba: era un niño con una voz de quien sólo acaba de llegar, pero que ya tiene algo que decir.

El médico, para suavizar la tensión del momento, lanzó una frase que se fijó para siempre en la memoria de Dolores:

–¡Con unos pies como estos, será jugador de fútbol!

Fuera esperaba un padre nervioso y tres niños deseosos de ver al bebé al que habían esperado tantos meses. Pronto se dieron cuenta de que el recién llegado dominaría la humilde casa de esa familia, del clan Aveiro, ya completo.

Dos adultos y cuatro niños compartían el mismo techo, unidos por un amor que no diferencia entre familias ricas o pobres. En esa casa no había oro, pero prevalecían el afecto y el cariño. Orgullosa, Dolores veía a su familia amarse.

Faltaba escoger el nombre del miembro recién llegado. Dolores tenía un enorme aprecio por un hombre que fuera actor unos años antes y que, en aquel tiempo, presidía los Estados Unidos de América: Ronald Reagan.

Con la voluntad de quien desea una vida de ensueño para su hijo, quedó decidido que el pequeño sería bautizado con el nombre de Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro.

Pobreza… pero acogida amorosa
En una de las consultas de rutina que Dolores hacía con el bebé, el médico, que veía a una madre abatida por las dificultades para mantener una casa llena de niños y con escasos medios de subsistencia, trató de motivar a la pobre madre lanzando un pronóstico casi en un tono de profecía:

–¡Alégrese, mujer, este bebé le dará mucha suerte en la vida y mucha felicidad!

María Dolores no percibía qué suerte era esa, tan sólo sabía que cada día que pasaba, estaba más desesperada.

De todos modos, le pareció que, de hecho, su bebé trajo una cierta alegría a la casa. La primera sonrisa, la primera risa, los primeros pasos vacilantes. Todos los movimientos del nuevo «pequeño rey» del clan Aveiro eran recibidos con gran entusiasmo por sus hermanos mayores. Cristiano crecía en un ambiente de amor.

Elma, Hugo y Katia trataban de hacer las veces de madre, que estaba siempre ocupada en traer comida a la mesa. Dinis mostraba ahora un lado más humano, determinado por el gran amor que sentía por sus hijos, dando un poco de ánimo a María Dolores. En cierto modo, se sentía aliviada al saber que, sin tener en Dinis al marido que siempre había soñado, ¡por lo menos el padre de sus hijos los quería y nunca los maltrataría! Eso era lo más importante.

En cuanto a su felicidad como mujer casada, había poco o nada que hacer. Los años que había vivido de espaldas a su marido habían llevado a su matrimonio al fracaso.

Dinis y Dolores estaban cada vez más distantes entre sí; lo que los unía era tan sólo el amor por sus hijos. Mantenían el respeto el uno por el otro, pero poco más que eso.

El divorcio nunca fue una opción, porque había un enorme temor hacia las creencias y la opinión de su padre, José. Dolores sabía que, con el anuncio de una eventual separación, tendría que esperar, muy probablemente, la vieja correa contra la que había luchado en tantas batallas. El fantasma de la autoridad del padre aún estaba colgado en el aire, a pesar de que Dolores tenía más de 30 años y era madre de cuatro hijos. Conocía bien aquella vieja frase del padre:

–Si buena cama haces, en ella te vas a acostar.

Dolores decidió compartir la vida con el hombre que le había dado esos cuatro maravillosos hijos. Viviría por ellos, le respetaría por ellos. Nada más que eso.

 

Impresionantes datos sobre la labor de Pro Vida

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¿Quién no ha escuchado aquello de que nos preocupamos por los niños antes de que nazcan, pero cuando lo hacen ya no nos importan nada? O aquello de que somos muy sensibles a los fetos pero no a las mujeres que tienen que cargar con ellos. Tópicos muy gastados, que no resisten un mínimo análisis, pero que han calado en mucha gente.

Escribo esto cuando acabo de recibir la Memoria 2013 de la Fundación Pro Vida de Catalunya. Vaya por delante que a la gente de Pro Vida que se deja la vida para ayudar a las madres con problemas les importa poco lo que digan los demás, les trae sin cuidado que esas tonterías antes citadas hayan calado en la gente. Su motivación es otra. De lo que se trata es de ayudar, de acompañar, de sacar adelante casos concretos, madres con nombre y rostro (y situaciones vitales complicadísimas), hijos que también tienen nombre y rostro. Cada uno de ellos que nace y que empieza el camino de la vida junto a su madre es una victoria contra esa cultura de la muerte y el egoísmo que nos rodea.

Y como las memorias suelen recoger cifras, les dejo con algunas que reflejan la labor de Pro Vida en Barcelona:

  • 606 mujeres, gestantes o con hijos menores de 3 meses, atendidas. Entre ellas 84 gestantes adolescentes
  • 984 niños receptores de ayudas
  • 913 familiares que también recibieron ayuda
  • Más de 2.500 mujeres a las que se les ha proporcionado gratuitamente alimentos, productos de higiene, ropa…

Unas cifras que impresionan, ¿verdad? Que además crecen cada año desde el inicio de la Fundación, en 1987. Y que en los últimos años de crisis han aumentado de forma muy significativa: si en 2008, cuando estalla la crisis, eran atendidas 1.500 personas, ahora lo son 2.500.
Me han llamado la atención algunos otros datos. Por ejemplo, los ingresos mensuales de la unidad familiar de las mujeres atendidas: un 14% no tienen ningún ingreso, pero es que más de la mitad, un 55%, tiene ingresos por debajo de los 600 euros (si subimos el corte a los 900 euros, el porcentaje sube hasta el 83%).

Resulta curioso también ver desde dónde fueron derivadas estas mujeres. Un 28% acudieron al Ayuntamiento de Barcelona, otro 33% a otros ayuntamientos de Cataluña. Estos ayuntamientos las derivan a Pro Vida. Si a esto se suma el 13% derivadas desde los centros de atención primaria y hospitales públicos, resulta que casi tres cuartas partes de las mujeres atendidas son derivadas desde instancias del Estado, que de esta forma se las saca de encima (y que, al menos en estos casos, no las empuja al aborto, por lo que bienvenido sea).

Todo este trabajo supone un presupuesto de casi 600.000 euros, de los que la mayor parte sale de aportaciones de particulares, de esos a los que supuestamente no les importan las mujeres con problemas ni lo que sea de sus hijos. Si eres de ellos; si piensas que no podemos cruzarnos de brazos ante estas mujeres que luchan para sacar adelante a sus hijos, puedes aportar tu granito de arena a través de la web de la Fundación Pro Vida.

No te arrepentirás.

Publicado en Forum Libertas

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Estados Unidos: dos historias de valores pro vida entre la vida y la muerte

Dos madres se enfrentaron a la muerte estando embarazadas y quisieron que sus hijos salieran adelante a pesar de l riesgo que eso suponía para ellas. Melanie Pritchard y Yesenia Ruiz-Rojo son dos madres coraje entre la vida y la muerte

imagen.php by . Yesenia Ruiz-Rojo junto a su esposo, el primer hijo de este, y su “bebé milagro”

ForumLibertas.com

Recientemente dos madres han sido protagonistas en Estados Unidos por protagonizar sendas historias de amor a favor de sus hijos, aunque por ello su vida haya sido la moneda de cambio.

 

Es el caso de Melanie Pritchard, una mujer estadounidense que “murió clínicamente” durante el parto de su hija, Gabriella, hace cuatro años. Pritchard le escribió una carta a su hija para que la lea cuando crezca, en la que le recuerda que “la vida es un regalo; no es algo que nos deben”.

 

En un texto publicado en el sitio web LifeSiteNews, Melanie, fundadora del programa de formación para chicas católicas Vera Bella, recordó que tuvo una “muerte súbita por un embolia de líquido amniótico”.

 

Previamente, Melanie había elegido para dar a luz un hospital con un médico gineco-obstetra pro-vida “que yo sabía que valoraba la vida en todas las etapas”, pues sabía que “no todos los hospitales y sus médicos ven al niño por nacer igualmente humano y valioso como sus madres”.

 

Tres días después del parto, la madre de Gabriella despertó en la unidad de cuidados intensivos de otro hospital, aún luchando por su vida, con el apoyo de su esposo, Doug.

 

Cuatro años después, en la carta escrita para su hija, Melanie le relató que “morí durante tu nacimiento y tras la lucha más grande por mi vida, Dios, trabajando a través de las manos de los médicos, salvó mi vida”.

 

Volver de la muerte me ha recordado que debes asegurarte que no has dejado nada sin decir a aquellos que amas. Eres muy joven para que te diga todas las cosas que quiero que conozcas sobre la Vida, así que estoy escribiendo esta carta para que tengas mis palabras impresas en papel para que siempre las puedas leer”.

 

Melanie continuó indicándole a su pequeña que “no te conocí por dos días después de tu nacimiento, y la memoria de eso es confusa. No tener claridad en ese momento me ha enseñado a nunca dar por asegurado cada momento que tienes con la gente que amas porque podría ser el último. Atesoro cada momento que tengo contigo”.

 

“Cuando sonríes, iluminas la habitación. Nunca pierdas esa alegría infantil”, le pidió a Gabriella.

 

Melanie le aseguró a su hija que “papá y yo haremos lo mejor que podamos para criarte para ser santa y que busques el cielo, y te propondremos la belleza que Dios ha creado para ti, pero al final debes aceptar esa propuesta”.

 

Al concluir su carta, Melanie le dijo a Gabriella que “puedes pensar que hacer todas las cosas que enlisté aquí es imposible, pero solo te pido que intentes, le pidas a Dios que te ayude y trates de ser la mujer que Dios te creó para ser. ¡Te mereces lo mejor que la vida te puede ofrecer, mi hermosa hija!”.

 

Tiene cáncer terminal, dio a luz a su bebé y sigue luchando por su vida

 

Cuando los médicos le dijeron a la madre de 21 años, Yesenia Ruiz-Rojo, que tenía un cáncer terminal, lo primero que respondió con 15 semanas de embarazo fue “solo salven a mi bebé”.

 

La joven madre fue diagnosticada con un agresivo cáncer al hígado y los médicos le dieron de dos a cuatro meses de vida. En vez de desanimarse, Yesenia buscó ayuda en el Brooke Army Medical Center (BAMC) en donde los médicos le prometieron hacer lo posible para salvar a ambos. Cuatro meses después dio a luz a un niño al que le puso por nombre Luke.

 

“Me encanta pasar tiempo como mi hijo. Es hermoso. Estoy muy agradecida por él”, cuenta la joven en una entrevista telefónica dada a conocer por el BAMC con sede en Houston, Texas.

 

El teniente coronel y médico, doctor Raúl Palacios, jefe de radiología en el mencionado centro médico, comenta que el caso de Yesenia “es un milagro de la medicina. Nos dijo que todo lo que quería era que su bebé viviera. Ella estaba decidida a hacer lo que hiciera falta para que eso pasara”.

 

La joven había llegado al Centro Carl R. Darnal, en donde le dijeron que los dolores que experimentaba se debían a un tumor que cubría el 65 por ciento del hígado. Dos días después fue transferida al BAMC.

 

El doctor Palacios recuerda que “no había nada en la medicina convencional que nos diera alguna esperanza. No conocíamos de nada que hubiese podido usarse exitosamente antes” en un caso así.

 

Tras descartar la cirugía debido al tamaño y la ubicación del tumor; y acompañado de diversos especialistas, Palacios sugirió intentar con una nueva terapia llamado radiación selectiva interna con Y-90 que permite colocar pequeñas partículas radioactivas en la arteria del paciente que alimenta el tumor del hígado. Eso haría que se encogiera o que muriera, explicó el experto.

 

Este tratamiento, aprobado por la FDA para combatir el cáncer de hígado y de colón, fue dado a la joven durante seis semanas. Después de eso solo quedaba esperar y monitorear a la paciente.

 

Ruiz-Rojo volvió al hospital con 32 semanas de embarazo y dio a luz a su bebé el pasado 9 de enero.

 

“Si el equipo no hubiera pensado ‘fuera de la caja’, no habríamos tenido la oportunidad de darle un bebé saludable. La sola idea de que alguien pudiera tener la oportunidad de traer vida… eso ya era increíble para todos nosotros. Cada día es un día que ella antes no iba a tener”, señala Scott Kambiss, jefe de ginecología del BAMC.

 

Poco después Yesenia se mudó a California para pasar tiempo con su familia y su nuevo hijo, casi libre de síntomas. Ella ha estado allí desde mediados de marzo. “Ella no quería tratamientos de cáncer que afectaran la calidad del tiempo que iba a tener con su bebé”, explica el Dr. Palacios.

 

“Espero que alguien le cuente a Luke algún día lo valiente que fue su madre al permitirnos participar en su salud”, añade.

 

Olivia, la madre Yesenia, agradeció vivamente al hospital por toda la ayuda prestada. “Luke es un bebé hermoso, muy activo, muy juguetón. Todo lo que mi hija quería era tener a su bebé y poder pasar tiempo con él. Ella ha podido hacer eso, gracias a los médicos de BAMC”.

El no nacido, ¿ser humano u objeto de consumo?

Nicolás Jouve plantea una cuestión, la cuestión, clave.

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Las noticias señalan que en este mismo mes se llevará al Consejo de Ministros para su aprobación el anteproyecto reformado de la «Ley Orgánica para la Protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada», abordada por el Ministerio de Justicia. Lo que se va conociendo del texto final que se someterá a la aprobación del Consejo de Ministros es que se modificará sustancialmente respecto al anteproyecto aprobado el pasado 21 de diciembre, en uno de los puntos sobre el que más polémica se suscitó durante la vigencia de la controvertida Ley de 1985, a la que el nuevo proyecto se parece cada vez más.

Las modificaciones que ahora se pretenden con respecto al anteproyecto anunciado hace seis meses, parecen ceder a la presión de determinados sectores de la sociedad, y del propio partido del gobierno, al añadir a los supuestos de violación y del grave peligro para la salud física o psicológica de la madre, el del aborto sin necesidad de informe médico, en el caso de que se detecte en el no nacido una anomalía incompatible con la vida o extremadamente grave. Dado que no cambia el trasfondo de la reforma en lo que se decía sobre que en los citados embarazos debía demostrarse el daño físico o psicológico de la madre mediante informes médicos, se está asumiendo que en tales embarazos hay daño psicológico o físico siempre, y esto es una gran falsedad. De ser así, lo que se estaría haciendo en cierto modo es añadir un tercer supuesto, aunque no se explicite en la contrarreforma como tal, volviendo por tanto a la Ley de 1985.

De confirmarse la adición de un tercer supuesto estaríamos ante una renuncia a aquello que precisamente se consideraba la principal virtud de la reforma del ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. La reforma tal como se había anunciado en el anteproyecto era positiva, al proponer medidas que evitarían el fraude de ley que venía produciéndose durante la vigencia de la Ley del aborto de 1985. En este sentido, muchos habíamos valorado positivamente la decisión de garantizar el derecho a la vida del no nacido, ante el grave riesgo para la vida o salud de la embarazada, cuando ante los casos extremos de enfermedad fetal incompatible con la vida extrauterina se exigiera «un informe motivado y emitido con anterioridad por dos médicos de la especialidad correspondiente a la patología que genera el grave peligro para la mujer, distintos de aquél que practique el aborto o bajo cuya dirección éste tenga lugar y que no desarrollen su actividad profesional en el centro o establecimiento en el que se lleve a cabo». Ello habría de contribuir a reducir el fraude que se venía produciendo bajo este supuesto con la regulación de 1985.

Por otra parte, lo que diferenciaba la reforma Gallardón de la Ley Aído (Ley 2/2010) era precisamente que ante un conflicto de intereses se elevaban las garantías de defensa del no nacido, ya que el único derecho que la ley de 2010 había atendido era en esencia el derecho de la madre a matar al concebido, incluso libremente durante las 14 primeras semanas. Todo el debate en el que entonces –y también ahora–, le interesaba entrar al PSOE se centraba en torno al derecho al aborto y la libertad de la mujer, sin pararse a tomar en consideración el derecho a la vida del no nacido. Así quedó manifiesto en las conclusiones de la subcomisión del anteproyecto de Ley del aborto del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero presentada en la cámara baja el 18 de febrero de 2009, que recibió el voto favorable de todos los partidos, PSOE a la cabeza, con el rechazo del PP, la abstención del PNV, y la ausencia de CiU y en cuya página 10 se dice textualmente: «…los únicos derechos fundamentales implicados en esta cuestión son los derechos de las mujeres. En este sentido, no son de la misma entidad los derechos fundamentales de las mujeres embarazadas, que el bien jurídico protegible nasciturus».

Si ahora se acepta sin más una lista mínima (no cerrada) de malformaciones por las que una mujer se puede someter a un aborto, de acuerdo con los presupuestos que para tales casos señala la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), estaríamos ante una evidente vulneración del derecho a la vida del no nacido. Sería como considerar que los fetos a los que se les detecten unas determinadas patologías no son dignos de vivir, y por tanto se decide por ley negarles la protección jurídica que exigía el Tribunal Constitucional en su sentencia 53/1985. Una marcha atrás en toda regla.

De confirmarse la contrarreforma, quedaría en entredicho la esperada supresión del «aborto eugenésico», tantas veces reclamada por las asociaciones de defensa de los discapacitados. El anteproyecto tal como lo había anunciado el Gobierno en diciembre pasado tenía en cuenta la petición de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas, que reclama una protección legal efectiva contra tal discriminación e insta a España a suprimir la distinción hecha en la Ley 2/2010 en cuanto al plazo dentro del cual la ley permite que se interrumpa un embarazo por motivos de discapacidad exclusivamente.

Sin embargo, ahora se cede en aquello que había sido la principal virtud de la reforma, y se acepta el aborto de acuerdo con lo que dice la SEGO sobre las anomalías fetales incompatibles con la vida: «aquellas que previsiblemente o habitualmente se asocian con la muerte del feto o del recién nacido durante el periodo neonatal, aunque en condiciones excepcionales la supervivencia pueda ser mayor», o sobre las enfermedades extremadamente graves: «aquellas situaciones con una alta probabilidad de mortalidad durante el periodo fetal o tras el nacimiento y/o que previsiblemente se asocien con un tiempo de supervivencia corto y/o con un desarrollo neurológico profundamente deficiente y/o con una probabilidad de dependencia extrema y persistente para el desarrollo de su vida posnatal».

El listado que da la SEGO abarca una treintena de enfermedades que entrarían dentro de alguna de estas categorías: la anencefalia (ausencia parcial o total del cerebro), la agenesia renal bilateral (ausencia de riñones), la Pentalogía de Cantrell (anomalías del esternón, diafragma, pericardio diafragmático, pared abdominal y cardíacas), las trisomías 13 (síndrome de Patau), 18 (síndrome de Edwards) y 9, asociadas a diversas alteraciones cerebrales y multiorgánicas, además de malformaciones cardiacas, algunos tipos de hidrocefalia y alteraciones en el sistema nervioso. Pero con todo lo que suponen estas patologías, el problema es que la lista es abierta, pudiendo variar al alza o a la baja en función de los avances de la medicina (?).

Puede parecer comprensible que cuando por un diagnóstico prenatal se detectan con certeza las anomalías graves o limitantes de la vida, cese la obligación ética del principio de beneficencia aplicado al feto, que pasa a ser considerado un «feto moribundo», aunque no se ceda en los cuidados mínimos necesarios para mantener su vida hasta donde sea posible. Pero de ahí a optar por el aborto es colaborar a una deshumanización contraria a la deontología médica. Es cosificar la vida humana y aceptar al bebé como un objeto de consumo sobre el que se puede decidir de acuerdo a unos cánones de perfección. La pregunta que nos podemos hacer es si no hay nada que hacer por la vida del feto moribundo y si la muerte sobrevendrá antes o después de nacer, ¿por qué adelantarla?

Contrasta la eliminación sin más del feto con una enfermedad limitante o incompatible con la vida extrauterina, con los testimonios de tantas madres que, a pesar del mal pronóstico del bebé que esperaban, deciden seguir adelante con su embarazo y esperar a que sea la patología que lamentablemente tiene su hijo la que determine el plazo final de su vida. Bebés nacidos con anancefalia o con trisomías tan graves como la 13 ó la 18, entre otros casos, harán que muchos de estos bebés sobrevivan al parto y mueran al cabo de unas horas o días, pero no habrá sido la madre la que decida acabar con la vida del bebé, ni en ella quedará ningún sentimiento de culpa por ello. Hay testimonios preciosos sobre la satisfacción de unos padres que han luchado hasta el final por la vida de su hijo y han tenido la oportunidad y la alegría de disfrutar de su bebé moribundo por el tiempo suficiente para tenerlo en sus brazos, sentirlo suyo, recordarlo y enterrarlo con toda la dignidad que un ser humano se merece.

Parece obvio señalar que el aborto no es un acto médico, que no es menos humano quien tiene una enfermedad o una malformación, por grave que esta sea, y que el mismo empeño que ponemos en salvar la vida de un enfermo debería aplicarse al no nacido aquejado de una patología. Es necesario recordar al respecto lo que señala en su art. 51.1 el Código de Ética y Deontología Médica vigente (Guía de ética médica. Madrid, julio de 2011): «El ser humano es un fin en sí mismo en todas las fases del ciclo biológico, desde la concepción hasta la muerte. El médico está obligado, en cualquiera de sus actuaciones, a salvaguardar la dignidad e integridad de las personas bajo sus cuidados».

Lo cierto es que a quienes nos empeñamos a diario en defender la vida del no nacido, nos repugna la estandarización de los seres humanos de acuerdo con sus características físicas o mentales, hasta el extremo de decidir si bajo determinadas condiciones se es merecedor de vivir o no, que no otra cosa es señalar un listado de enfermedades que justifiquen el aborto. ¿Cómo es posible que esto lo suscriban los profesionales de la salud?, ¿cómo calificar a una sociedad que hace desaparecer la vida de un ser tan indefenso como un feto simplemente porque es defectuosa?, ¿refleja esto una deshumanización de la vida por parte de la sociedad?

Una vez más hay que decir que cada vida humana es una vida única, que transcurre sin saltos cualitativos desde la fecundación hasta la muerte, por lo que el embrión y el feto, las primeras etapas de la vida, son biológicamente equiparables al recién nacido y al adulto. Se trata del mismo ser, la misma persona, de la que lo único que los diferencia es un factor temporal, que no debe convertirse en determinante para establecer diferentes categorías en un mismo individuo. Desde la perspectiva biológica cada individuo humano, embrión, feto, adulto o anciano, es el mismo ser, por lo que debería ser éticamente valorado conforme a su condición y dignidad humana, y desde la perspectiva jurídica deberían habilitarse las normas necesarias para su protección. El anteproyecto de reforma del ministro Gallardón se aproximaba a ello. La introducción de un tercer supuesto acepta como válido el hecho de que hay una categoría de seres humanos que no merecen vivir.

Publicado en Paginas Digital.es

Congresista muestra foto por ultrasonidos de su nieto en comisión sobre aborto

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La congresista estadounidense Marsha Blackburn (R-TN) mostró una fotografía de su nieto durante su comparecencia en el Senado. No se trataba de compartir con sus colegas la alegría de ver ampliada su familia, sino de dar testimonio contra la ley abortista  S. 1696, también conocida como “Women’s Health Protection Act.”

S. 1696 pretende eliminar todas las leyes federales y estatales en Estados Unidos que limitan el aborto, incluyendo la prohibición de abortos durante el tercer trimestre, después de 5 meses de embarazo, y leyes contra el aborto motivado por la selección de sexo.

Ante esta homicida ley, Blackburn decidió mostrar, durante su intervención en la comisión que la está estudiando, la foto por ultrasonidos de su nieto.

“Esta es la maravilla de la ciencia,” dijo Blackburn. “Puedo ver sus brazos y sus piernas, puedo verle descansando tranquilamente en el seno de su madre.”

Tras ver la realidad de un niño no nacido pero ya claramente un ser humano único y diferenciado, Blackburn  afirmó, respecto de la ley que se está discutiendo: “Pondrá en peligro cientos de leyes, leyes que protegen tanto a las madres como a los niños no nacidos. Hará estériles los esfuerzos de los estados para limitar los abortos basados en el sexo de los niños.”

La congresista aportó varios datos estadísticos que revelan que las mujeres apoyan mayoritariamente las restricciones al aborto. La razón, afirmó, es obvia: “No es sorprendente que las mujeres las apoyen, nosotras somos portadoras de vida.”

¿Es el aborto un “derecho reproductivo”?

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Si el aborto es un derecho reproductivo, consistente en el derecho a causar daño a otro ser humano, en este caso el niño no nacido, la violación también sería un derecho reproductivo que consistiría en el derecho a causar daño a otro ser humano, en este caso la mujer violada.

No, no hay derecho al borto como no hay derecho a la violación.

280 juristas recuerdan que el Estado ha de garantizar los derechos de las personas, “también en la etapa prenatal”

Proceden de ámbitos tan diversos como el académico, político y del ejercicio de la abogacía, destacan la necesidad de “una adecuada protección social de la maternidad” y advierten de que “la regulación del aborto debe respetar la objeción de conciencia”etapa-intrauterina by .

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Desde la Plataforma ‘Juristas y Derechos‘, más de 280 juristas de toda España y que proceden del ámbito académico, político y del ejercicio de la abogacía han elaborado un manifiesto, presentado este miércoles, 16 de julio, en el que apelan a la responsabilidad del Estado de tutelar los derechos fundamentales con la reforma de la ley del aborto.

 

Este colectivo insta conjuntamente a través del manifiesto a aprovechar el Proyecto de Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada para progresar en el respeto de los derechos fundamentales mediante la protección efectiva de la vida humana en la etapa prenatal.

 

En el texto presentado en el Club Financiero Génova de Madrid, los firmantes consideran que el debate abierto ante la propuesta de reforma de la ley del aborto planteada por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, es una oportunidad única para que la sociedad avance en el plano ético y social con el pleno reconocimiento de los derechos jurídicos del concebido y la protección social de la mujer ante la maternidad.

 

El manifiesto se plantea como reflexión –y por tanto con el deseo de diálogo y consenso político y social– los criterios jurídico-constitucionales que deben estar presentes en la reforma.

 

“Un ser individual distinto a su madre”

 

En primer lugar, el texto pone de relieve los derechos constitucionales del concebido: el derecho a la protección de su vida; y destacan la obligación que tiene el Estado de tutelarla como ser individual distinto a su madre, a través de un sistema de normas que protejan efectivamente su vida”.

 

Destacan que si el Legislador opta por la despenalización del aborto en supuestos concretos, al tratarse de un supuesto de ponderación de derechos de la mujer y del no nacido -por ejemplo, ante un grave riesgo para la vida o la salud de la embarazada-, debe asegurarse de que se trate de casos siempre rigurosamente demostrados.

 

La protección constitucional de la que goza el concebido incluye la protección máxima, las normas penales, y obliga al Estado en los supuestos de despenalización del aborto a llevarla a cabo por otros medios, como la protección social.

 

También destacan la dimensión social del aborto, íntimamente conectado con el concebido en desarrollo, además de su dimensión privada, y reafirman que no es un derecho de la mujer según la doctrina constitucional y la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

 

“Protección de la maternidad”

 

Al mismo tiempo, destacan la necesidad de “una adecuada protección social de la maternidad” que apoye a la embarazada y le facilite información sobre las ayudas a las que tiene derecho y las consecuencias médicas del aborto.

 

Finalmente, advierten que la regulación del aborto debe respetar la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios que no quieran participar en ese tipo de prácticas.

 

Los firmantes

 

En la firma del manifiesto destaca el ámbito académico, con más de un centenar de profesores de 39 universidades españolas y otras, de ellos 40 catedráticos. Son docentes de hasta diecinueve áreas del Derecho, siendo la más numerosa la del Derecho Constitucional. Cabe señalar la firma de catedráticos constitucionalistas como Francisco J. Díaz Revorio, Joan Oliver Araujo, Ángel Gómez-Montoro o Manuel Martínez Sospedra (también ex Senador), y entre los penalistas la de los catedráticos Jesús Mª Silva, Carlos Pérez del Valle y Pablo Sánchez-Ostiz.

 

Hay numerosas adhesiones de juristas en el ejercicio de la abogacía y una presencia significativa de juristas que son diputados o senadores. En suma las firmas proceden de prácticamente todo el territorio español, desde Cádiz hasta los Pirineos y las Islas Baleares y Canarias.

 

Encabezan las adhesiones juristas de gran prestigio y expertos constitucionalistas como, entre otros, José Gabaldón y Ramón Rodríguez Arribas. Así mismo, hay una presencia de juristas que han ejercido o ejercen funciones en altas instituciones del Estado y de la Justicia, como Jesús Cardenal, ex Fiscal General del Estado; José Luis Requero, magistrado del Tribunal Supremo y ex Vocal del Consejo General del Poder Judicial; Antonio del Moral, magistrado del Tribunal Supremo; Santiago Milans del Bosch, magistrado en excedencia de la Audiencia Nacional; Rafael Losada, Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria; Rafael Perera, magistrado jubilado del Tribunal Superior de Justicia de Baleares; abogados del Estado, letrados de las Cortes y del Consejo de Estado, entre otras instituciones. Firma también Rafael Navarro-Valls, Secretario General de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, y miembros de distintos organismos públicos y organizaciones sociales como Benigno Blanco, Presidente del Foro Español de la Familia.

 

En la presentación del Manifiesto de Juristas intervinieron José Gabaldón López y Ramón Rodríguez Arribas, vicepresidentes eméritos del Tribunal Constitucional, Verónica Ester Casas, abogado del Estado en la Audiencia Nacional, y la profesora María Calvo, titular de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid.

El Grupo de los siete laicos católicos plantea “la dura interpelación a las conciencias que hace la cifra de abortos”

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El Grupo de los siete destacados laicos católicos: Josep Maria Carbonell, Josep Maria Cullell, Eugeni Gay, David Jou, Josep Miró i Ardèvol, Jordi López Camps, y Francesc Torralba, que publican periódicamente en La Vanguardia una reflexión sobre diferentes temas de actualidad que son motivo de debate o polémica en el seno de la sociedad, han mostrado su opinión este domingo, 13 de julio, con respecto al “fracaso del aborto“.

 

En el texto “Aborto, misericordia ante un fracaso“, el grupo de laicos plantea, entre otras cuestiones y en relación al supuesto “derecho a decidir sobre el propio cuerpo”, que no se puede “esconder la dura interpelación a las conciencias que hace la insoportable cifra de abortos que hay en Cataluña

 

En su artículo, Carbonell, Cullell, Gay, Jou, Miró, López y Torralba responden a tres interrogantes que plantea el aborto y cuestionan que se haya “convertido en una cuestión que ha entrado con fuerza en la agenda política y mediática favorecida por una comprensión cultural que hay que cuestionar básicamente”.

 

Los tres interrogantes

 

El Grupo de los siete laicos, que tienen “sensibilidades diferentes ante el aborto”, opinan que “el aborto compromete aspectos centrales de las garantías jurídicas de nuestra sociedad, además de lo que conlleva como drama personal y como fracaso social”.

 

Es por ello que “esta situación merece una profunda reflexión en tres direcciones para encontrar respuestas a varios interrogantes planteados”.

 

Una primera doble pregunta que se hacen es la siguiente: “¿Por qué una parte no despreciable de la conciencia moderna occidental entiende que el aborto es resultado del derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo? ¿Por qué no tiene la misma consideración al ser concebido?“.

 

Como respuesta a estas preguntas añaden que “forma parte de esta conciencia moderna considerar que debe prevalecer el derecho de la madre por encima de los derechos del nuevo ser”.

 

La segunda cuestión es el “¿por qué hay tan poca preocupación social ante la importante cantidad de abortos?“. En este sentido, aclaran que las cifras sobre el aborto en Cataluña son bien elocuentes, “un aborto por cada tres nacimientos en 2012. En números absolutos, representan 22 mil abortos, cantidad muy superior al crecimiento vegetativo, la diferencia entre nacimientos y defunciones, que fue sólo de 14 mil personas”.

 

La última cuestión que plantean se basa en una triple pregunta: “Por qué esta práctica socialmente poco aceptada durante muchos siglos ha pasado a tener una consideración positiva hasta convertirse finalmente un derecho autónomo de la mujer con una valoración moral positiva? ¿Qué ha hecho posible este cambio de opinión? ¿Por qué lo que tenía consideración de mal ha pasado a ser un mal menor o, según algunas opiniones, incluso un derecho para las mujeres?

 

Responder a estas cuestiones no es tarea fácil, pero, en cualquier caso, el grupo de laicos considera que “no podemos menospreciar algunos de los argumentos propuestos para situar el aborto en relación a la defensa de los derechos de las mujeres”.

 

Entre esos argumentos está el de que “el aborto, en algunas ocasiones, permite a la mujer liberarse de cargas no deseadas, conservar el puesto de trabajo, progresar en la escala laboral, o acercar la situación de la mujer a la del hombre , que tan desconsideradamente, a nuestro juicio, se ha mantenido ajeno a estas preocupaciones”.

 

Y añaden que “la modernidad ha aportado, entre sus ideales, una valoración positiva de la autonomía crítica y responsable del individuo que puede justificar la defensa de los derechos individuales, entre los que se encuentra el derecho a decidir sobre el propio cuerpo”.

 

Lo que dice la jurisprudencia

 

Ante estas cuestiones, Carbonell, Cullell, Gay, Jou, Miró, López y Torralba recuerdan lo que dice al respecto nuestra jurisprudencia: “Por un lado reconoce que, cuando un derecho entra en colisión con otro derecho, se producen ‘graves conflictos de características singulares’, como es el caso del derecho a la vida ya la dignidad de la persona humana, en este caso de la mujer, y textualmente dice que estos ‘no pueden contemplarse únicamente desde la perspectiva de los derechos de la mujer o desde la protección de la vida del nasciturus”.

 

Sin embargo, antes se afirma lo siguiente: “a) Que la vida humana es un devenir, un proceso que comienza con la gestación, en el curso de la cual una realidad biológica va tomando corpórea y sensitivamente configuración humana, y que finaliza con la muerte; [...] b) Que la gestación ha generado un tertium existencialmente distinto de la madre, aunque albergado en el seno de ésta”.

 

“De las consideraciones anteriores se deduce que si la Constitución protege la vida con la relevancia a que antes se ha hecho mención, no puede desprotegerla en aquella etapa de su proceso, que no sólo es condición para la vida independiente del claustro materno, sino que es también un momento del desarrollo de la vida misma; por lo que ha de concluirse que la vida del nasciturus, en tanto esta encarna un valor fundamental-la vida humana-garantizado en el art. 15 de la Constitución, constituye un bien jurídico que encuentra protección en el dicho precepto constitucional”, concluyen en este apartado.

 

Ante todos estos razonamientos jurídicos, los siete plantean una nueva cuestión: “¿en qué términos el aborto puede tener una justificación?”. Y recuerdan que esas justificaciones tienen que ver con el riesgo de muerte o enfermedad grave de la madre, si es resultado de una violación, o, con más dudas, cuando el embrión tiene malformaciones.

 

Tres razones para cuestionarlo

 

Sin embargo, el grupo de laicos tiene sus reservas cuando la cuestión hace referencia al supuesto “ejercicio del derecho de la mujer a su cuerpo al margen de otras consideraciones éticas y jurídicas. Es en este punto cuando se produce una importante discrepancia moral con incidencia en el ámbito de la gobernabilidad de la sociedad”.

 

Para exponer esta cuestión, argumentan tres razones. “En primer lugar, plantea un problema decisivo sobre el concepto que tenemos de la vida humana”.

 

“La segunda razón es que en el aborto no hay conciencia clara de quitar la vida a alguien, porque se considera que el nasciturus es sólo un conglomerado de células. No hay conciencia de que el nasciturus tiene una dignidad inherente por el hecho de pertenecer a la especie humana, lo que lo hace sujeto de derechos”.

 

“Esto favorece que desde algunos planteamientos abortistas extremos se considere la maternidad como una carga insoportable y el aborto como una solución“, por lo que “la consecuencia de todo esto es una cultura cada vez más alejada de los valores de la maternidad y paternidad creadora”.

 

Por último, también denuncian que “hay otro factor que puede resultar decisivo, y que hay que subrayar, la muy poca ayuda a la unidad familiar por parte de las diversas instituciones de la sociedad. Si todo es incierto y oscuro, traer un hijo al mundo es percibido cada vez más como una temeridad y una carga insoportable”.

 

Es por ello que Carbonell, Cullell, Gay, Jou, Miró, López y Torralba entienden que “los poderes públicos deberían velar por preservar la vida del concebido en todo lo que sea racionalmente posible” y que “los legisladores deben abordar toda esta problemática con una amplitud de miras” que tienda a “poner fin a la discriminación laboral contra la mujer embarazada”, y “aplicar con más decisión las políticas tendentes a favorecer la conciliación de la vida laboral y familiar”.

 

Por otra parte, concluyen, “los cristianos debemos tener una actitud misericordiosamente prudente hacia aquellas mujeres que, a pesar de nuestras consideraciones, hayan decidido libremente abortar. Somos conscientes de que se trata, en muchas ocasiones, de una decisión que rompe el corazón. [...] Los cristianos estamos llamados a fomentar una cultura de la esperanza y de la responsabilidad en relación a la vida y la maternidad que se extienda a todos los ámbitos, invite a la prudencia en la acción ya responsabilidad en el sexo, y fomente la solidaridad y el coraje”.

La caída de la población pone en riesgo el futuro de España

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España está perdiendo su recurso más valioso: las personas. Somos menos y cada vez más viejos. Con la agenda política y de los medios de comunicación copada por la crisis o las luchas de poder, las autoridades apenas parecen prestar al gran problema de futuro para nuestro país, el descenso y envejecimiento de la población.

Mientras la economía vivía momentos de gloria, la masiva llegada de inmigrantes y cierto repunte en la natalidad retardó unos años la crisis demográfica, pero ahora muchos de aquellos recién llegados están regresando a sus países de origen, miles de españoles están emigrando y el número de nacimientos está en claro retroceso.

España tenía cerca de 15,5 millones de habitantes en 1857, año del primer censo moderno disponible, y en 2012, la población alcanzó su máximo histórico, con 46,8 millones. A partir de entonces, ha empezado a perder población. A 1 de enero de 2014, el capital demográfico de nuestro país había disminuido ya en más de 300.000 personas, hasta poco más de 46,5 millones.

Los expertos creen que esto es solo el principio del declive de las próximas décadas. Las previsiones del Instituto Nacional de Estadística (INE) apuntan que en 2052 la población española se situará en torno a los 41,5 millones. Sin embargo, este descenso se podría quedar corto, ya que esa predicción a largo plazo se realizó en 2012, mientras que la previsión a corto plazo publicada en 2013 ya reflejaba para 2022 unos 700.000 habitantes menos que las que figuraban en el informe anterior.

El cambio de tendencia de 2012 tiene que ver claramente con la inversión en el signo las migraciones. Desde comienzos del milenio, cuando el número de extranjeros empadronados en España no llegaba al millón, el flujo de inmigrantes se incrementó hasta un ritmo de más de medio millón de personas anuales a lo largo de la década. El pico de extranjeros se alcanzó en 2011, con más de 5.750.000 empadronados.

El saldo migratorio comenzó a ser negativo en 2010 y el pasado año se situó en -210.936 personas, diferencia resultante entre las casi 470.000 que abandonaron nuestro país y las cerca de 260.000 que llegaron. La mayor parte de los que se marchado son inmigrantes que, cuando han venido mal dadas, han regresado a sus países de origen. Sin embargo, también ha habido miles de españoles que han salido al exterior a buscar un futuro que la crisis y los altos índices de paro de los últimos años no les dejaban ver claro.

Falta de niños

En cualquier caso, España tiene otros problemas demográficos más profundos, menos coyunturales, que no solo dependen de que la economía vaya mejor o peor y cuyas consecuencias a medio y largo plazo pueden resultar devastadoras: la caída de la natalidad y el envejecimiento de la población.

El descenso de los nacimientos y de la tasa bruta de natalidad no es un fenómeno reciente, sino que tiene que ver con las transformaciones sociales que ha vivido nuestro país, sobre todo a partir de la llegada de la democracia. En 1976, la tasa bruta de natalidad -el número de nacimientos por cada mil habitantes- era de 18,7, mientras que el pasado año se redujo hasta 9,1. Así mismo, frente a los más de 677.000 bebés llegados al mundo al año siguiente de la muerte de Franco, en 2013 se registraron 425.390.

Para los demógrafos, es especialmente relevante la fecundidad, es decir, el número de hijos por mujer. El indicador coyuntural de fecundidad, que era de 2,80 en 1976, se ha situado en 2013 en tan solo 1,27, a la cola de los países europeos. Se entenderá la gravedad del dato si se tiene en cuenta que el nivel de reemplazo generacional, es decir, el nivel de fecundidad necesario para asegurar que las sucesivas generaciones de nacidos sean sustituidas por otras de igual tamaño, se considera 2,1 hijos por mujer. Según advierten las especialistas Teresa Castro-Martín y Teresa Martín-García en un análisis sobre el déficit de natalidad publicado por la Obra Social la Caixa, «en asusencia de migraciones, una tasa de fecundidad persistente de 1,3 implica que la población total se reducirá a la mitad en un plazo de 45 años».

La baja fecundidad no se explica solo por el hecho de que nuestro país se haya sumado al club de las naciones desarrolladas, ya que otros países de nuestro entorno tienen menos negativos. España sufrió más tarde que otros los procesos de cambio demográfico, pero su problema de escasez de niños es más agudo. El retraso en la edad de la maternidad, cerca ya de los 32 años de media, la extensión de los anticonceptivos y del aborto, la disminución de matrimonios y el aumento de las rupturas, así como la falta de políticas decididas de apoyo a la familia, son algunos factores que han contribuido a reducir el número de hijos por pareja.

Junto a ello, la población española se envejece a marchas forzadas. Más de 2,6 millones de personas tienen en nuestro país más de 80 años, lo que supone el 5,7% de la población, pero en las décadas venideras, con el aumento de la esperanza de vida y la natalidad a la baja, la proporción se prevé mucho mayor, con lo que ello supondrá, entre otras muchas implicaciones, para el sostenimiento del estado del bienestar tal como ahora lo conocemos.

Publicado en www.abc.es